Caso 148: homosexualidad o uranismo

T., 34 años, vendedor, desciende de madre neuropática y enfermiza y de padre sano.

Con 9 años un compañero de clase le indujo a la masturbación. A partir de entonces la practicó mutuamente con su hermano, con el que dormía en la misma cama, llegando incluso a receptio membri in os. Siendo todavía un niño llegó a ocurrirle en una ocasión quod lambit locum quo prius miles urinaverat (!). Con 14 años primer amor por un compañero de colegio de 10 años.

A partir de los 17 años ya no era la belleza juvenil lo que le impresionaba sino, extrañamente, los viejos decrépitos.

T. atribuye esto al hecho de que en cierta ocasión, siendo de noche oyó en la habitación de al lado a su padre, ya de edad avanzada, jadear con lujuria. Sintió con esto una enorme excitación sensual, pues se imaginó a su padre practicando el coito. A partir de entonces desempeñaron un papel destacado en sus sueños con poluciones y al masturbarse viejos que practicaban actos homosexuales. Pero también durante el día le excitaba hasta tal punto la visión de un viejo, sobre todo si este era verdaderamente decrépito y sucio, que a veces llegaba incluso a la eyaculación.

Con 23 años intentó repetidamente corregir su vita sexualis en el lupanar. A pesar de poner en ello una determinada voluntad, no logró llegar a la erección y se abstuvo de seguir intentándolo porque se dio cuenta de que las mujeres, hasta la más bella, le eran indiferentes. Lo mismo valía para sus sentimientos respecto a los hombres jóvenes y a los muchachos.

A partir de los 29 años tuvo un profundo amor por un viejo, al que acompañó a diario durante años en sus paseos. Un acercamiento íntimo no era posible. T. eyaculaba a menudo durante estos paseos. Para escapar a esta deshonrosa situación, volvió a visitar el lupanar con el mismo éxito de antes. Se le ocurrió entonces la idea de pagar a un viejo decrépito para que le acompañara. Este tenía que practicar el coito en su cercanía. Entonces fue potente también él. El coito no le proporcionaba ningún placer, pero sí una gran satisfacción moral, sobre todo cuando dejó de necesitar al viejo. La alegría no duró mucho. T. sufrió una fuerte neurastenia sexual y general, se deprimió, rehuía a la gente, se volvió impotente y se dio al onanismo psíquico imaginándose a viejos en situaciones homosexuales.

Físicamente, T. no presentaba nada destacable, aparte de una acusada neurasthenia sexualis, y su presencia era perfectamente viril.