Caso 120: fetichismo de gorro de dormir

L., 37 años, dependiente, de familia con fuertes taras, experimentó con cinco años su primera erección al ver a su compañero de habitación, un pariente mayor, ponerse un gorro de dormir. El mismo efecto se produjo más tarde al ver a la vieja criada de la casa ponerse su gorro de dormir. Desde entonces bastaba para que se presentara la erección con la mera representación de una cabeza de mujer vieja y fea tocada con un gorro de dormir. La mera contemplación del gorro o de la figura de una mujer desnuda o de un hombre desnudo le dejaban indiferente, pero el contacto con un gorro de noche le provocaba una erección y a veces incluso la eyaculación. L. no se masturbaba; y hasta los 32 años, cuando se casó con una hermosa muchacha a la que amaba, nunca había mantenido actividad sexual.

En la noche de bodas no se excitó hasta que, para salvarse del apuro, recurrió al recuerdo de la cabeza de mujer vieja y fea con el gorro de dormir. Inmediatamente se consumó el coito.

A partir de entonces tuvo que seguir sirviéndose de este medio. Desde la niñez tenía episodios transitorios de profunda melancolía con impulsos suicidas; de vez en cuando, también espantosas alucinaciones nocturnas. Si se asomaba a una ventana, se veía acometido de mareos y ansiedad. Se trataba de una criatura torpe, rara, solitaria y con mala disposición espiritual (Charcot y Magnan, Arch. der Neurol. 1882, n.º 12).

[Psychopathia sexualis, caso 120: fetichismo de gorro de dormir]