Caso 12. Hiperestesia sexual. Masturbatio coram discipulis in schola.
Z., 36 años, casado desde hace 12, padre de 7 hijos, director de escuela, confiesa haber realizado un acto masturbatorio durante la clase en una mesa cerrada de cara a las alumnas, pero de modo que estas se dieron cuenta. La noche anterior había bebido más de lo habitual, poco antes de empezar la clase había recibido un disgusto, dice haberse hallado en estado de excitación sexual con ardor del pene erecto como consecuencia de la visión de una alumna de 15 años cuya figura ya le atraía desde hacía tiempo y que, habiendo perdido el control de sí mismo, se agarró los genitales, tras lo cual sobrevino inmediatamente la eyaculación. Entonces se da cuenta por fin de la situación y de la vergüenza, dice haberse sentido consternado y solamente recuperó la tranquilidad al pensar que las muchachas no habrían notado nada. Z. no pudo aducir como excusa perturbación mental, amnesia durante el transcurso de su excitación sexual.
Como su historial hasta entonces era intachable, las autoridades entendieron que había actuado bajo condiciones morbosas y decidieron consultar a un experto.
De mi exploración cabe destacar lo siguiente: Z. procede de padres sanos. 2 parientes consanguíneos fueron epilépticos. Con 13 años, fuerte conmoción cerebral seguida de demencia aguda durante tres semanas. Desde entonces gran irritabilidad e intolerancia al alcohol.
A partir de los 16 años de edad, despertar de la vita sexualis con anormal intensidad y gran excitabilidad sexual, de modo que bastaba con una lectura osbcena, la contemplación de una imagen femenina, para provocar una eyaculación y el consiguiente alivio. Ocasionalmente, también masturbación. A partir de los 18 años coito ocasional. Sin embargo, normalmente le bastaba con tocar el brazo de una mujer para llegar al orgasmo y la eyaculación. Matrimonio con 24 años. Coito hasta 3 y 4 veces diarias, pero además masturbación y satisfacción con coito ideal.
Tras el nacimiento del cuarto hijo (hace 3 años) tuvo que moderarse en la práctica del sexo por motivos económicos. Sentía rechazo por los medios anticonceptivos. Se aliviaba mediante la automasturbación, tactus feminarum y polución diurna así provocada, pero todo esto no bastaba. Se hallaba en un estado de continua excitación sexual, cada seis semanas aproximadamente entraba en un estado de tal ardor sexual que se sentía privado de voluntad y razón y solo conseguía refrenar el impulso sexual de agressio feminarum mediante masturbación forzada. Desde esa época de relativa abstinencia Z. se había vuelto extremadamente irascible, irritable, hasta el punto de golpear, gritar sin motivo a mujer e hijos.
Repetidamente le aconteció el quedar inconsciente en el clímax de tales estados de ánimo, caer al suelo, emitir un extraño estertor. Pasados algunos minutos volvía en sí con amnesia de su afección y ataque. Ciertamente, el delito no se vio precedido de uno de estos ataques, pero sí que se presentó uno de ellos a los 3 días.
Encontré en Z. a una persona inteligente, decente, llena de arrepentimiento y vergüenza.
Tenía claro que no podía continuar como maestro en una escuela femenina, responsabilizaba de lo ocurrido a su sensualidad innatural e irrefrenable.
No intentó quitarle importancia a su acción, pero indicó que últimamente tenía los nervios destrozados por su libido insatisfecha y la sobrecarga de trabajo (hasta 12 horas diarias de clase).
Ningún hallazgo vegetativo, cráneo convexo en el parietal. Genitales grandes, fláccidos, por lo demás normales.
Reflejo rotular muy elevado.
En mi informe hice constar que Z. presentaba una vita sexual de intensidad morbosa, probablemente padecía epilepsia y había cometido el delito en un estado de alteración sexual en el que su autocontrol quedó reducido al mínimo. Se renunció a llevar el caso a los tribunales y se le jubiló.
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