Caso 112: fetichismo de ropa mojada

Señor Z., 35 años, funcionario, hijo único de madre nerviosa y padre sano. Desde la niñez era “nervioso”, durante la consulta llaman la atención sus ojos neuropáticos, su cuerpo delicado y flaco, sus rasgos delicados, su voz extremadamente fina, su escasa barba. Con excepción de una leve neurastenia, ausencia de hallazgos morbosos en el paciente. Genitales normales, funciones sexuales también normales. El paciente asegura haberse masturbado únicamente 4 ó 5 veces, de niño.

Ya con 13 años, el paciente experimentaba una intensa excitación sexual con la visión de ropa de mujer húmeda, mientras que esa misma ropa pero seca no le excitaba lo más mínimo. Su máximo placer consistía en mirar a mujeres empapadas cuando llovía. Si daba con una y además la mujer en cuestión tenía un rostro que le resultaba simpático, experimentaba intensos sentimientos libidinosos, una potente erección y se sentía impulsado al coito.

Afirma no haber tenido nunca el deseo de hacerse con faldas mojadas o de echarle agua a una mujer. El paciente no fue capaz de dar ninguna pista sobre el origen de su afición.

Es posible que, en este caso, el impulso sexual surgiera por primera vez al ver a una mujer alzándose las faldas un día de lluvia y mostrando sus encantos. El oscuro impulso, que todavía no era consciente de su objeto, se proyectaría a continuación sobre las faldas mojadas, como en otros casos.

[Psychopathia sexualis, caso 112: fetichismo de ropa mojada]